Berlín, finales de los 80: un pequeño grupo de colegas se reúne con una cámara de Super 8, un esqueleto barato y algunos órganos de animales rescatados de las carnicerías locales. De este movimiento punk contra la censura emergerá un nombre del lado oscuro del cine: Jörg Buttgereit. Con su enfoque frontal pero poético de un tema considerado tabú, Nekromantik se convertirá en una película de culto y un hito artístico de su época. Lo que tenemos aquí es un acto cinematográfico loco, indomable y total, una oda a la extrañeza de los deseos y sentimientos humanos, un poema de oscuridad abismal con un conmovedor sentido del humor.